En este tramo del curso he tenido que vérmelas con la estructuración del currículo y la evaluación. Los docentes sentimos cierto "pavor" hacia ambos conceptos porque evocan en nosotros ideas bastante burocráticas (e incluso punitivas), así que tenemos cierta tendencia a delegar este tipo de decisiones en otros profesionales: administrativos, inspectores, diseñadores curriculares, autores de manuales... y nos limitamos a adaptar sus propuestas al aula.
El hecho de trabajar en EOI agrava quizá esta percepción. Los profesores de este cuerpo son mayoritariamente filólogos. La aproximación a los fenómenos de programación y evaluación de los fenómenos lingüísticos no suele formar parte de los itinerarios formativos de las facultades de Filología, por lo que nos cuesta comprender ciertos aspectos psicopedagógicos que se esconden tras estas nociones. A veces nuestra formación se limita a algunas asiganturas o cursos de metodología... y por eso cogemos "vicios" de los que después nos cuesta desprendernos, quizá porque no tenemos los criterios suficientes para evaluar otras propuestas pedagógicas.
En mi caso, por ejemplo, los currículos de enseñanza de lenguas están muy centrados en competencias y destreas, y se dirigen a personas adultas con una alta motivación (normalmente instrumental) por el aprendizaje. De ahí que esté acostumbrado a planear mi enseñanza en torno a criterios del tipo "el alumno es capaz de/ hace" y no tanto en torno a "el alumno comprende". El comentario del tutor, en este sentido me ha servido para darme cuenta de que si educamos a los aprendientes (aunque sean adultos) para que "hagan" y no para que "comprendan", tal vez los estamos tratando como a meros dispositivos automáticos. Es cierto que en la didáctica de las lenguas la tradición (muy centrada en reglas y excepciones que presentaban la lengua como un corpus lógico) generó un rechazo hacia toda reflexión sobre tales mecanismos por parte del alumno (métodos directo, audio-oral, situacional, estructuro-global audiovisual...) y que los enfoques comunicativos y pragmáticos han acentuado esta línea de capacitar al alumno como "agente", muy influidos por la pragmática. Quizá vaya siendo hora de que volvamos a lo esencial: llevar al alumno a "comprender" qué es usar una lengua y, en consecuencia, que es aprender a usarla.
También ha supuesto un reto la formalización del itinerario de aprendizaje en un diagrama de flujo que explicite lo que (como ya he mencionado en otras entradas) no son sino ideas inuitivas, muchas veces atesoradas por años de práctica. La idea de plasmarlo en un gráfico con colores y porcentajes me ha ayudado a entender mejor el planetamiento de las actividades de mi matriz, pero sobre todo me ha animado a revisar su engranaje.
En cuanto a la evaluación, de momento en este módulo me he limitado a plasmar la rúbrica con la que valorar el trabajo de los alumnos en una actividad. Ya conocía la existencia de las rúbricas (de hecho, se utilizan en la evaluación de producción oral y escrita en los exámenes DELE del Instituto Cervantes, mientras que en las EOI nos torturan con unas tablas inviables), e incluso alguna vez me había aventurado a usar Rubric, pero nunca está de más volver a pasar por la experiencia y ver si desde la última vez que lo usé he logrado mejorar en su uso. De todos modos, espero que podamos seguir profundizando en cuestiones de evaluación, pues es un área que siempre me deja algo insatisfecho.
El hecho de trabajar en EOI agrava quizá esta percepción. Los profesores de este cuerpo son mayoritariamente filólogos. La aproximación a los fenómenos de programación y evaluación de los fenómenos lingüísticos no suele formar parte de los itinerarios formativos de las facultades de Filología, por lo que nos cuesta comprender ciertos aspectos psicopedagógicos que se esconden tras estas nociones. A veces nuestra formación se limita a algunas asiganturas o cursos de metodología... y por eso cogemos "vicios" de los que después nos cuesta desprendernos, quizá porque no tenemos los criterios suficientes para evaluar otras propuestas pedagógicas.
En mi caso, por ejemplo, los currículos de enseñanza de lenguas están muy centrados en competencias y destreas, y se dirigen a personas adultas con una alta motivación (normalmente instrumental) por el aprendizaje. De ahí que esté acostumbrado a planear mi enseñanza en torno a criterios del tipo "el alumno es capaz de/ hace" y no tanto en torno a "el alumno comprende". El comentario del tutor, en este sentido me ha servido para darme cuenta de que si educamos a los aprendientes (aunque sean adultos) para que "hagan" y no para que "comprendan", tal vez los estamos tratando como a meros dispositivos automáticos. Es cierto que en la didáctica de las lenguas la tradición (muy centrada en reglas y excepciones que presentaban la lengua como un corpus lógico) generó un rechazo hacia toda reflexión sobre tales mecanismos por parte del alumno (métodos directo, audio-oral, situacional, estructuro-global audiovisual...) y que los enfoques comunicativos y pragmáticos han acentuado esta línea de capacitar al alumno como "agente", muy influidos por la pragmática. Quizá vaya siendo hora de que volvamos a lo esencial: llevar al alumno a "comprender" qué es usar una lengua y, en consecuencia, que es aprender a usarla.
También ha supuesto un reto la formalización del itinerario de aprendizaje en un diagrama de flujo que explicite lo que (como ya he mencionado en otras entradas) no son sino ideas inuitivas, muchas veces atesoradas por años de práctica. La idea de plasmarlo en un gráfico con colores y porcentajes me ha ayudado a entender mejor el planetamiento de las actividades de mi matriz, pero sobre todo me ha animado a revisar su engranaje.
En cuanto a la evaluación, de momento en este módulo me he limitado a plasmar la rúbrica con la que valorar el trabajo de los alumnos en una actividad. Ya conocía la existencia de las rúbricas (de hecho, se utilizan en la evaluación de producción oral y escrita en los exámenes DELE del Instituto Cervantes, mientras que en las EOI nos torturan con unas tablas inviables), e incluso alguna vez me había aventurado a usar Rubric, pero nunca está de más volver a pasar por la experiencia y ver si desde la última vez que lo usé he logrado mejorar en su uso. De todos modos, espero que podamos seguir profundizando en cuestiones de evaluación, pues es un área que siempre me deja algo insatisfecho.
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