viernes, 24 de noviembre de 2017

Narrativa y ludificación

En este bloque he tenido la oportunidad de replantearme algunos presupuestos en los que se apoya mi metodología de enseñanza. En la didáctica de las lenguas segundas y extranjeras extá presente desde hace años el enfoque por tareas (task based approach): el aprendizaje (proceso) se orienta a la consecución de unos resultados tangibles (producto), y puede ser subdividido en microtareas específicas.
Las unidades didácticas suelen estar organizadas de modo temático: programar un viaje, diseñar una camiseta, hacer las compras de la semana en el supermercado más barato... Todo ello con el fin de que los alumnos puedan entrenar para enfrentarse a tareas similares fuera del aula.
Quizá el concepto de narrativa no se aleje demasiado del de tarea comunicativa. Para llegar a la tarea final, el alumno ha de seguir una secuencia: leer una oferta de empleo, escribir una carta de presentación, realizar una entrevista de trabajo... Tal vez lo que las separe es que la narrativa da cabida a la ficción, alejando al alumno de la cotidianeidad. Con ello se consigue que se aleje de sus tensiones, sus problemas, sus preocupaciones. Y ahí es donde entra en juego la ludificación ("gamificación" es un xenismo de muy mala factura, y me niego a usarlo por muy de moda que esté).
En mi caso, he planteado para mi paisaje de aprendizaje una narrativa un poco "soft" (¿quizá algo surrealista?): acceder a un desván de la memoria para recoger algunos enseres que se quieren recuperar y poner en valor. Es una narrativa que evoca los recuerdos, los afectos, y que por tanto favorece el aprendizaje. En este sentido, me gustaría aclarar que, si bien es cierto que mis alumnos disfrutan como niños cuando se les da un tablero, unas tarjetas o una baraja, quiero que cada tarea sea un juego en sí mismo. La ludificación con los adultos tiene efectos positivos si es entendida como esparcimiento o momento de interacción social, pero no creo que funcione tan bien cuando se elabora una verdadera competición. Observando a mis alumnos, que llegan a clase después de las duras exigencias de una jornada de trabajo o de estudio, me he dado cuenta de que no aceptan los "juegos" que conllevan rivalidad o puntos, pues les genera un estrés que acumulan a la competitividad del mundo exterior. Quizá los niños o los adolescentes lo toleren mejor, pero a los adultos les gusta entregarse al juego por entregarse (al igual que leer poesía o escuchar música). Mis alumnos muchas veces no toman nota de la puntuación de cada uno, ni siguen el orden de un tablero, ni se preocupan por llegar antes a la meta. Les gusta jugar en grupos, pero sin adversarios. Por eso me ha parecido adecuado que cada tarea tenga sus propias recompensas, como "hallazgos" de nuestro desván, pero sin llevar a cabo un seguimiento estricto.
Por último, de todo el bloque me ha parecido especialmente difícil de realizar la tarea del mapa de empatía. No entendía muy bien cómo aplicar esas preguntas (tal vez orientadas a un único sujeto) a todo un colectivo, bastante heterogéneo en mi caso: nacionalidades, lenguas, creencias, orientaciones sexuales, profesiones... Los adultos no encajan a veces en las categorías freudianas o piagetianas de los infantes y los adolescentes, tan cerradas y bien explicadas... por eso no estoy muy satisfecho con el modo en que he desarrollado la tarea, aunque espero que se me perdone.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Sobre el currículo y la evaluación

En este tramo del curso he tenido que vérmelas con la estructuración del currículo y la evaluación. Los docentes sentimos cierto "pavor" hacia ambos conceptos porque evocan en nosotros ideas bastante burocráticas (e incluso punitivas), así que tenemos cierta tendencia a delegar este tipo de decisiones en otros profesionales: administrativos, inspectores, diseñadores curriculares, autores de manuales... y nos limitamos a adaptar sus propuestas al aula.
El hecho de trabajar en EOI agrava quizá esta percepción. Los profesores de este cuerpo son mayoritariamente filólogos. La aproximación a los fenómenos de programación y evaluación de los fenómenos lingüísticos no suele formar parte de los itinerarios formativos de las facultades de Filología, por lo que nos cuesta comprender ciertos aspectos psicopedagógicos que se esconden tras estas nociones. A veces nuestra formación se limita a algunas asiganturas o cursos de metodología... y por eso cogemos "vicios" de los que después nos cuesta desprendernos, quizá porque no tenemos los criterios suficientes para evaluar otras propuestas pedagógicas.
En mi caso, por ejemplo, los currículos de enseñanza de lenguas están muy centrados en competencias y destreas, y se dirigen a personas adultas con una alta motivación (normalmente instrumental) por el aprendizaje. De ahí que esté acostumbrado a planear mi enseñanza en torno a criterios del tipo "el alumno es capaz de/ hace" y no tanto en torno a "el alumno comprende". El comentario del tutor, en este sentido me ha servido para darme cuenta de que si educamos a los aprendientes (aunque sean adultos) para que "hagan" y no para que "comprendan", tal vez los estamos tratando como a meros dispositivos automáticos. Es cierto que en la didáctica de las lenguas la tradición (muy centrada en reglas y excepciones que presentaban la lengua como un corpus lógico) generó un rechazo hacia toda reflexión sobre tales mecanismos por parte del alumno (métodos directo, audio-oral, situacional, estructuro-global audiovisual...) y que los enfoques comunicativos y pragmáticos han acentuado esta línea de capacitar al alumno como "agente", muy influidos por la pragmática. Quizá vaya siendo hora de que volvamos a lo esencial: llevar al alumno a "comprender" qué es usar una lengua y, en consecuencia, que es aprender a usarla.
También ha supuesto un reto la formalización del itinerario de aprendizaje en un diagrama de flujo que explicite lo que (como ya he mencionado en otras entradas) no son sino ideas inuitivas, muchas veces atesoradas por años de práctica. La idea de plasmarlo en un gráfico con colores y porcentajes me ha ayudado a entender mejor el planetamiento de las actividades de mi matriz, pero sobre todo me ha animado a revisar su engranaje.
En cuanto a la evaluación, de momento en este módulo me he limitado a plasmar la rúbrica con la que valorar el trabajo de los alumnos en una actividad. Ya conocía la existencia de las rúbricas (de hecho, se utilizan en la evaluación de producción oral y escrita en los exámenes DELE del Instituto Cervantes, mientras que en las EOI nos torturan con unas tablas inviables), e incluso alguna vez me había aventurado a usar Rubric, pero nunca está de más volver a pasar por la experiencia y ver si desde la última vez que lo usé he logrado mejorar en su uso. De todos modos, espero que podamos seguir profundizando en cuestiones de evaluación, pues es un área que siempre me deja algo insatisfecho.

martes, 7 de noviembre de 2017

A modo de reflexión global: paisajes de aprendizaje

Aun a riesgo de repetirme en algunas de las ideas que ya he expuesto en el foro sobre cuál era mi percepción antes de acceder a los paisajes de aprendizaje y cómo ha cambiado tras esta experiencia, me gustaría centrar mi reflexión en algunos puntos fundamentales.
Esta es la primera vez que escuchaba hablar de los paisajes de aprendizaje y, a pesar de que conocía algunas de las teorías en que se sustenta (inteligencias múltiples, taxonomía de Bloom), me ha parecido muy útil el modo en que se integran en la matriz para generar estos espacios.
También creo que el concepto de "narrativa" es altamente motivador para los aprendientes. En mi experiencia en este curso, me he sentido muy concentrado en la tarea de "entrenar" a mi dragón. Creo que la narrativa contextualiza el aprendizaje, a la vez que puede dar pie a la entrada de la ludificación en el aprendizaje, un elemento que cada vez es objeto de mayor atención en los estudios de ELE.
También me ha resultado muy interesante la configuración de los itinerarios: hay un diseño didáctico para ir asimilando los contenidos, pero, al mismo tiempo, es lo suficientemente flexible como para que el alumne lo adapte a sus necesidades y sus características afectivas y cognitivas.
Eso, unido a la sencillez de la plataforma y a la buena organización de los materiales, ha hecho que la experiencia sea claramente gratificante.
El reto está, desde mi punto de vista, en la implantación del modelo de paisajes al aula de lenguas extranjeras. Por ul lado, la implementación en la clase física exige de unos recursos de los que muchas veces no se dispone. Crear un marco y una narrativa demandaría materiales como murales, disfraces, atrezzo, rincones, etc. Lamentablemente, dado que mi centro es compartido con un IES, no siempre es posible que el aula quede ambientada de una sesión a otra ni que los espacios se respeten, con lo cual habría que invertir una gran cantidad de tiempo en re-crear el entorno.
Por otro lado, si se opta por usar las TIC, de nuevo podemos encontrar algunas dificultades de orden económico. En mi caso, como ya he comentado en otras entradas, el hecho de que mis estudiantes sean inmigrantes (en ocasiones refugiados o asilados) impide que buena parte de ellos tengan acceso a Internet o a dispositivos electrónicos dentro y fuera de la escuela. La dotación del centro tampoco es, en este sentido, para tirar cohetes: apenas una docena de equipos en un aula reducida a la mitad y con un alto número de docentes como potenciales usuarios hace difícili que todos podamos tener el acceso adecuado a las herramientas. Aun así, creo que un entorno virtual puede servir para que los alumnos tengan una mayor exposición a la lengua real mediante vídeos, audios, enlaces a textos... de modo que pueden enriquecer el aprendizaje que se ha llevado a cabo en el aula.
Dejo, por tanto, una puerta abierta a estas reflexiones de orden metodológico y praxeológico que espero vean la luz en los sucesivos bloques del curso.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Matriz de paisajes

La matriz de generación de paisajes me ha resultado una herramienta extremadamente útil. Muchas veces los docentes estamos capacitados para plantear tareas de un modo puramente intuitivo, pero creo que dotarse de una matriz tan rica y compleja como esta ayuda mucho a explicitar las propias creencias sobre la enseñanza y el aprendizaje y, en consecuencia, a corregir ciertas tendencias hacia las que podemos escorarnos.
El hecho de poder replantear algunas de las actividades de mi programación didáctica a la luz de la matriz me ha ayudado a darme cuenta de lo importante que es facilitar el aprendizaje mediante una diversificación de las propuestas didácticas. Los profesores de idiomas hemos recibido una formación estrictamente lingüística y, a pesar de que en muchos casos hemos movilizado otros recursos y estilos en nuestro propio aprendizaje de lenguas, seguimos muy anclados en una determinada visión de la lengua y de los fenómenos lingüísticos. Por eso creo que es importante que ampliemos nuestra perspectiva y que nos abramos a nuevas experiencias.
Creo que la matriz es bastante sencilla de aplicar, a pesar de que -como todo instrumento- necesita de cierta práctica y retroalimentación. Por ello creo que estaría muy bien contrastar ideas con los compañeros y enriquecer así nuestras unidades didácticas y nuestros bancos de actividades más tradicionales. A veces basta con incorporar una nueva inteligencia o con modificar el grado de exigencia cognitiva. E incluso nos puede ser útil en el aula si vemos que algo no está funcionando, de modo que nuestra decisión esté realmente fundamentada. Personalmente, creo que dejaré una copia encima de mi mesa.